Responsabilidad de las programaciones culturales en su propio patrocinio (Jornadas Arte y Empresa I)

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En el mes de marzo’17, tuve el privilegio de ser invitado junto 24 representantes de los principales proyectos e instituciones culturales, activos en alianzas con empresas y particulares de nuestro país, a las jornadas que se realizaron en Madrid sobre Arte y Empresa. Era el quinto año que se realizaban y esta vez sirvió como resumen y colofón de las 4 ediciones anteriores. Los impulsores fueron Cultura y Alianzas junto a las Subdirección de Industrias Culturales y Mecenazgo, apoyados por la Secretaría de Estado de Cultura. Fuimos hospedados estupendamente por la Fundación Lázaro Galdiano (gracias Elena!). El título de la Jornada fue:


Perspectivas, nuevas tendencias, cambios y necesidades en las alianzas de las instituciones culturales con las empresas y los ciudadanos


Era un encuentro para debatir entre tod@s y según nuestras experiencias respectivas un tema tan importante como la relación arte-empresa-ciudadano. En un próximo post os haré llegar un resumen de las conclusiones.

Lo que quiero avanzaros es la ponencia que preparé para las jornadas. Una ponencia crítica, realista, pero con miras a un futuro mejor, y sobretodo basada en la propia experiencia tanto como director artístico / programador, como observador en primera persona de diversos proyectos y programaciones europeas:


“Hace ya un tiempo observo con absoluta perplejidad cómo el nivel de algunas programaciones culturales estables de nuestro país, muchas de ellas con aportaciones públicas además de privadas, viven alejadas de las dinámicas de nuestra sociedad y de las que se están estableciendo en ciertos países europeos de referencia, además de ser de dudosa calidad, utilidad y coherencia. De la misma manera constato con preocupación y a la vez natural comprensión, cómo empresas que antes eran patrocinadoras de estas programaciones o proyectos, dejan de serlo o reducen sus aportaciones e implicación, creando a través de sus Fundaciones sus propias propuestas, que en la mayoría de los casos son más coherentes respecto a los intereses de empresa y les reportan mayores beneficios en cuanto a visibilidad y prestigio.

Una de las principales causas podría residir en la imposibilidad/dificultad por parte de directores artísticos, programadores y gestores de crear un público fiel a través de programaciones de interés real, con contenido, calidad, utilidad, que sean capaces de generar en el potencial o ya consumidor de cultura la idea de identificación con el proyecto, o simplemente de que lo que se les ofrece les reporte algo como seres humanos e integrantes de una sociedad. A título informativo: actualmente los gimnasios retienen más a los clientes que la cultura. ¿Curioso verdad?

Quizás el hecho viene determinado por la poca conexión de las programaciones culturales y sus actividades complementarias con el objeto o temática concreta del equipamiento, institución o propuesta, sea cual sea, y la falta de imaginación en las propuestas que las doten de un relato coherente y de calidad, que no de esnobismo. Esta situación acaba provocando que los ciudadanos que se acercan a ellas sean poco fieles, no se identifiquen con lo propuesto, y en muchos casos no existe la capacidad real ni la consciencia de lo importante que es generar la sensación de cara al patrocinador/empresa de la existencia de un proyecto con fuerza y potencial suficiente para atraer a una masa X de ciudadanos a los que poder dirigir con cierta constancia sus estrategias comunicativas. Simplemente los equipamientos dan la sensación de ser meros contenedores. Esta falta de confianza provoca una natural rebaja de su disposición a implicarse. Los patrocinadores tienen sus intereses de empresa y/o personales puestos en sus apuestas.

Como se lleva comentado hace tiempo uno de los grandes retos del futuro será la Responsabilidad Social/Cultural Corporativa de las empresas, y es muy importante en este proceso que éstas tengan la sensación de que pueden invertir en proyectos, programaciones e instituciones que, aparte de darles prestigio y favorecer a su red de stackeholders, constaten que tienen una utilidad clara de cara a la sociedad. Esta utilidad se traduce en inversión de futuro y en la formación de ciudadanos que puedan mejorarla con las posibilidades que las empresas ponen a su alcance con sus patrocinios.

A partir de aquí me atrevo a ser escéptico respecto las estrategias “cortoplacistas” y “resultadistas” sin objetivos claros a medio/largo plazo que se están aplicando en las programaciones paralelas o complementarias, salvo muy honrosas excepciones. Soy un gran fan de éstas, las trabajo y potencio en todos los proyectos en los que me implico como director artístico y las considero uno de los grandes activos actuales del mundo de la cultura, especialmente en los grandes equipamientos necesitados de importantes inversiones privadas.


En breve os paso las conclusiones de las Jornadas de Arte y Empresa.

Enric

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Acerca de Enric

Barítono y Gestor Cultural/ El eslabón perdido entre el artista y el gestor

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